Existe una leyenda sobre Frankenstein que ha intrigado a todos los lectores del mundo, tanto como la propia historia que se cuenta en la novela, la curiosidad de saber como una joven de 19 años de edad fue capaz de crear una de las más lúcidas metáforas de la moderna cultura occidental. Mary Shelley propició esa atmósfera de fabulación de la génesis del personaje y la novela cundo en 1831, en el prólogo de la edición revisada de su obra, la autora narró como el libro surgió en respuesta a una competición literaria entre su entonces amante Percy Bysshe Shelley, el poeta Lord Byron y el médico personal de éste, Jhon Polidori (Apellido que lleva el doctor creador del conocido monstruo), durante el verano de 1816 en Suiza.
La joven describió que ella, quien nunca había intentado escribir una novela, fue la que mas se entregó a la tarea, a la búsqueda de una historia que hablara de los misteriosos terrores de nuestra naturaleza y despertara un conmovedor horror, que hiciera que el lector se sintiera temeroso de mirar a su alrededor, que helara la sangre y acelerara los latidos del corazón. Ella misma relató cómo, lanzado el desafío de los insignes poetas, una visión llego a su ayuda:
No podía dormir, ni siquiera pensar. Mi imaginación, desatada, me poseyó y me guió hacia una serie de imágenes encadenadas que se grabaron en mi mente con mayor nitidez de la que permiten los límites de la alucinación. Contemplé, con los ojos cerrados, pero con una agudísima visión mental, a un pálido estudiante de las artes más malditas arrodillándose junto a la cosa que había creado. Contemplé el horrible fantasma de un hombre extendido sobre una mesa y, entonces, por obra de algún poderoso motor, mostrar signos vida, agitarse con un inquietante, apenas vital, movimiento.
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